Un regulador contó la cola y paró el reloj

La Autoridad de Electricidad de Israel ordenó a finales de julio al operador del sistema, Noga, dejar de tramitar nuevas solicitudes de conexión de granjas de servidores durante al menos 140 días, y el motivo es aritmético, no político. Las solicitudes sobre la mesa suman unos 27 gigavatios. El consumo medio de Israel ronda los 9 gigavatios y su récord histórico, marcado en la ola de calor de agosto de 2025, se sitúa en torno a 17 gigavatios. Unos 19 gigavatios de ese montón llegaron en unos dos meses, sobre un atasco previo de 8 gigavatios. El lenguaje de la Autoridad es tajante: 27 gigavatios exceden con mucho toda la capacidad prevista de generación y transporte para las próximas décadas.

Por qué importa: sin la congelación, Noga habría tenido que emitir denegaciones por más de 25 gigavatios, y una denegación es más difícil de deshacer que una pausa. La red ya ha comprometido unos 1.500 megavatios con granjas de servidores, lo que por sí solo llevaría a los centros de datos a alrededor de una décima parte de la electricidad nacional al comienzo de la próxima década. Ahí está toda la historia en una línea: la cartera comprometida ya es relevante y la solicitada es tres veces el país.

Gran parte de esos 27 gigavatios nunca fue un proyecto

Una cola que triplica la demanda nacional no es una previsión de demanda, es un mercado de opciones. Presentar una solicitud es barato y guardar un sitio vale mucho, así que el movimiento racional de cualquier promotor en un mercado que se estrecha es solicitar pronto y a menudo más capacidad de la que va a construir. Así aparecen 19 gigavatios en ocho semanas. Noga describió la tarea con esas mismas palabras, como el problema de repartir correctamente un recurso público e infraestructural limitado entre todas las necesidades económicas, que es el lenguaje del racionamiento y no el de la previsión.

Sí, pero: las solicitudes especulativas no son el villano, y tratarlas como fraude no explica el mecanismo. Son el resultado previsible de una regla que premia llegar antes en vez de estar listo. Por eso la congelación por sí sola no resuelve nada. Durante los 140 días la Autoridad dice que revisará sus supuestos sobre fiabilidad del suministro, redundancia del sistema, competencia en el mercado eléctrico, precios futuros y consumo de gas. Cada uno de esos puntos es un motivo para cambiar la regla de reparto y ninguno añade un megavatio.

Dinamarca ya hizo el experimento y publicó la respuesta

Energinet paró en marzo todos los nuevos acuerdos de conexión de grandes consumos después de que su propia cola llegara a unos 60 gigavatios frente a una punta danesa de unos 7 gigavatios, con los centros de datos aportando alrededor de 15 gigavatios. La pausa no fue el remedio. El remedio fue que desde el 1 de febrero Dinamarca suprimió el principio de orden de llegada para grandes consumos y lo sustituyó por una evaluación colectiva en grupos, que ordena los proyectos por madurez, avance del desarrollo y compatibilidad con la red. La pausa se levantó el 3 de junio con un modelo de tramitación más exigente.

Léanse los dos países juntos y el patrón es claro. Ninguno de los dos reguladores encontró más capacidad. Los dos cambiaron a quién se la dan. Irlanda, los Países Bajos y España llegaron al mismo cruce y cada uno escribió una regla distinta, y Texas respondió con un cribado por lotes en vez de un examen proyecto a proyecto. Una empresa que planifique capacidad en varios mercados europeos no se enfrenta, por tanto, a una restricción de red. Se enfrenta a cuatro o cinco regímenes de racionamiento separados, cada uno con su propia definición de proyecto serio.

Lo que de verdad le conecta ahora

Bajo una prueba de madurez, el recurso escaso deja de ser una solicitud temprana y pasa a ser la prueba documental. Contrato de venta firmado o inquilino identificado, licencia urbanística en mano, pedidos de equipos de plazo largo como transformadores y celdas, un estudio de red terminado y financiado, y un programa de obra con fechas que un regulador pueda verificar: ese es el expediente que sobrevive a una reordenación. Una solicitud de reserva sin nada de eso pasa de ser una opción gratuita a ser una carga, porque el grupo es precisamente donde los expedientes flojos se separan a la vista de los reales.

La conclusión: si mantiene una solicitud viva en un mercado congestionado, construya el expediente antes del cambio de regla y no después, porque la reordenación sigue el calendario del regulador y nadie le dará una ventana para mejorar su presentación. Y si elige entre emplazamientos, pese la regla de reparto tanto como la tarifa. Un megavatio hora más barato en una cola que no puede superar vale menos que uno más caro en un mercado que sí le conectará dentro de su ventana de obra.

El efecto de segunda vuelta cae en la factura de los demás

La Autoridad no solo pregunta si la red puede con la carga. Incluyó la competencia en el mercado eléctrico y los precios futuros de la electricidad entre las cosas que va a revisar, y ahí esto deja de ser una historia de centros de datos y se convierte en una historia de costes industriales. Cuando una sola categoría de nueva carga puede pedir el triple del consumo nacional, la regla de reparto que venga después fija el precio marginal de la energía para cada fábrica, cámara frigorífica y taller de la misma red.

En Israel esa discusión ya es institucional. Avi Simhon, que preside el Consejo Económico Nacional, impulsa una ley para clasificar las granjas de servidores como infraestructura nacional y acelerar así su tramitación. Es una posición coherente y choca de frente con la congelación, porque conceder licencias más rápido a una carga que la red todavía no puede llevar solo desplaza el cuello de botella un paso más abajo. Cuál de las dos gane es lo que merece atención en los próximos 140 días, y la respuesta se copiará. En España, donde ya se escribió una norma propia para adelantar posiciones en la cola, se leerá con especial interés.