Una fecha que se suponía fija

El 14 de agosto de 2026, el Gobierno español publicó la Orden TED/864/2026 en el boletín oficial del país, ampliando formalmente las licencias de explotación de las dos unidades de Almaraz hasta el 8 de junio de 2030. La unidad 1, que debía cerrar en octubre de 2027, obtiene poco menos de tres años más de operación; la unidad 2, prevista originalmente para octubre de 2028, obtiene alrededor de un año y ocho meses más. Ambas fechas habían sido puntos fijos de la política energética española desde el acuerdo original de 2019 sobre el cierre nuclear.

La prórroga siguió un proceso regulatorio formal. El operador de la planta, Centrales Nucleares Almaraz-Trillo, solicitó el cambio de licencia el 30 de octubre de 2025, y el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), el regulador independiente de España, emitió un informe favorable el 16 de julio de 2026, confirmando que ambas unidades cumplen las condiciones para operar de forma segura hasta 2030. La orden del Gobierno se limitó a ratificar un dictamen regulatorio que ya se había emitido.

Los dos mensajes simultáneos del Gobierno

La justificación del Gobierno se centra en la seguridad energética. La orden publicada cita la incertidumbre en los mercados energéticos internacionales provocada por los conflictos en Oriente Medio y en Ucrania, junto con la volatilidad de los precios de los combustibles fósiles, como razones para mantener en funcionamiento dos reactores grandes y ya construidos, en lugar de sustituir su producción por otra fuente a corto plazo. Fuentes del ministerio presentaron la prórroga como una forma de moderar la exposición de los consumidores españoles a picos de precios que no eran previsibles cuando se fijaron las fechas originales de cierre de 2027 y 2028.

Al mismo tiempo, el ministerio tuvo cuidado de precisar que la prórroga no altera la fecha de cierre del conjunto del parque nuclear en 2035. Según la hoja de ruta española de 2019, Ascó I y Cofrentes siguen previstas para cerrar en 2030, Ascó II en 2032, y Vandellós II y Trillo en 2035 - solo se movieron las dos unidades de Almaraz. El mensaje para la opinión pública es que se trata de un ajuste puntual dentro de un plan a largo plazo que, por lo demás, se mantiene, aunque ese ajuste afecte al mayor activo nuclear individual del país.

Lo que realmente compran esos tres años extra

Almaraz no es una planta marginal. Suministra alrededor del 7 por ciento de la electricidad anual de España, una producción equivalente a unos 4 millones de hogares, y sus dos unidades representan una parte significativa del 20 por ciento de la electricidad nacional que aportan conjuntamente los siete reactores en funcionamiento del país. En Extremadura, la región donde se ubica Almaraz, la planta sostiene directa e indirectamente unos 4.000 empleos.

La reacción del sector fue positiva. Marta Ugalde, presidenta de la patronal nuclear española Foro Nuclear, calificó de gran noticia que una infraestructura estratégica como Almaraz pueda seguir operando, y pidió al Gobierno que aproveche la prórroga para revisar las condiciones regulatorias, económicas y fiscales que enfrenta la energía nuclear. Sama Bilbao y Leon, directora general de la World Nuclear Association, la calificó de gran noticia para la economía, la seguridad energética y la estabilidad de la red en España. El operador de la red, Red Eléctrica, se mostró más mesurado: dijo que la prórroga mejora la fiabilidad del sistema, pero que en ningún caso elimina la necesidad de seguir construyendo otra capacidad de generación firme y almacenamiento.

La suposición que toda empresa debería volver a poner a prueba

España es la quinta economía de Europa y llevaba siete años tratando sus fechas de cierre de Almaraz de 2027 y 2028 como una política ya asentada. Ahora las ha movido unos tres años bajo la presión de la seguridad de suministro, mientras dice a la opinión pública que su compromiso más amplio de cierre nuclear para 2035 no ha cambiado. España tampoco es el primer Gobierno que da un paso así: Bélgica revirtió parcialmente su propio cierre nuclear en 2022, ampliando una década la vida de dos reactores que debían cerrar. Alemania, en cambio, apagó sus tres últimos reactores en abril de 2023 pese a enfrentar una volatilidad de precios energéticos comparable, lo que demuestra que los Gobiernos pueden responder de forma distinta ante una presión similar.

Para un empresario que calcula costes industriales de electricidad a largo plazo, la fiabilidad de la red, o un proyecto de capital como un centro de datos o una fábrica en función del calendario de transición energética declarado por un país, la conclusión práctica es incorporar margen de tiempo en cualquier plan que dé por segura una fecha de cierre o de construcción. Un calendario de política energética publicado debería tratarse como la mejor estimación actual del Gobierno, revisable si cambian las circunstancias. España acaba de demostrar que incluso una red eléctrica grande y consolidada puede mover una fecha supuestamente fija tres años mediante una sola orden.