La ronda, en cifras concretas

Olix cerró una Serie B de 312 millones de dólares el 3 de agosto de 2026 a una valoración de 3.300 millones de dólares, según anunció la propia empresa en su sala de prensa.

La empresa londinense, fundada en 2024 y conocida como Flux Computing hasta que se renombró como Olix en enero de 2026, quedó valorada en más del triple de los 1.000 millones de dólares que alcanzó tras una ronda de 220 millones de dólares en febrero de 2026, según la cobertura de ambas rondas por parte de DataCenterDynamics.

Fundomo lideró la ronda, con nueva participación de Arm, Hudson River Trading y el propio fondo estatal Sovereign AI del gobierno británico; los inversores existentes aumentaron sus compromisos, y el cofundador de Netflix Reed Hastings entró como inversor ángel, según reveló la compañía.

Lo que Olix afirma estar construyendo

Olix fabrica chips fotónicos, es decir ópticos, pensados para ejecutar modelos de IA ya entrenados en lugar de entrenarlos, repartiendo el proceso de inferencia entre silicio especializado conectado mediante enlaces ópticos en vez de cableado de cobre.

La plataforma X-1 de la empresa asigna distintas etapas de la generación de cada token de salida a chips diferentes, un enfoque que Olix describe como cambiar una interconexión óptica 'lenta y ancha' por los enlaces de memoria densos y muy exigentes en energía de los que dependen hoy los chips de IA de propósito general.

Su acelerador de decodificación DX-1 está diseñado para superar los 10.000 tokens por segundo en modelos de 100.000 millones de parámetros, pero la propia Olix afirma que el chip no llegará a sus primeros clientes hasta la segunda mitad de 2027: todavía no se ha entregado ninguna unidad.

Una apuesta que solo podrá comprobarse dentro de años

El propio fondo estatal Sovereign AI del gobierno británico puso dinero público detrás de un chip que aún no ha entregado ni una sola unidad, arriesgando capital vinculado al contribuyente en una promesa de eficiencia que Olix todavía no puede demostrar en un despliegue real con clientes.

Inversores privados como Fundomo, Arm y Hudson River Trading son libres de aceptar ese riesgo a cambio de participación en el capital; el mandato de un fondo soberano es distinto, y su presencia en esta ronda indica que el propio estado trata la inferencia fotónica como una apuesta estratégica que merece la pena antes de que la tecnología esté probada a gran escala.

Al margen de la valoración que da titulares, el fondo del asunto es este: el dinero público apuesta a que la curva de costes de la inferencia de IA, hoy dominada por el precio de las GPU, se incline hacia la economía fotónica en los próximos dos o tres años, y ningún cliente independiente ha confirmado ese giro antes de que el DX-1 se entregue en la segunda mitad de 2027.

La pregunta de compras que esto plantea a los empresarios

Un empresario que firme hoy un contrato de inferencia con GPU a tres años está fijando precios construidos sobre una estructura de costes que un fondo respaldado por el estado apuesta abiertamente a que no sobrevivirá hasta el último año del contrato.

Si Olix o un competidor fotónico rival entrega un rendimiento siquiera cercano al que describe Olix, la economía de precio por token que ofrecen los proveedores de GPU en 2026 podría parecer cara en 2028 o 2029, y un contrato firmado hoy no tiene mecanismo alguno para captar ese cambio.

La respuesta práctica no es esperar a los chips fotónicos antes de comprar cómputo, ya que Olix aún no ha entregado y ningún rival comparable tampoco; consiste en exigir que todo contrato plurianual de infraestructura de IA incluya una ventana de renegociación o una cláusula de salida anticipada ligada a una fecha definida, en lugar de fijar la economía actual de las GPU para todo el plazo.