La recompra, en cifras claras

El 10 de agosto de 2026, OpenAI completó una oferta pública de adquisición que permitió a empleados actuales y antiguos vender acciones de la compañía por unos 7000 millones de dólares (unos 6400 millones de euros al cambio actual). Bloomberg y TechCrunch, citando a fuentes conocedoras de la operación, informaron de que la valoración de OpenAI se mantuvo en 852.000 millones de dólares (unos 780.000 millones de euros), la misma cifra que la empresa alcanzó en marzo de 2026 al cerrar una ronda de financiación primaria de 122.000 millones de dólares liderada por grandes tecnológicas e inversores de capital riesgo.

El detalle que distingue esta oferta de las anteriores es quién puso el dinero. Ningún inversor externo participó en esta ronda. OpenAI financió la recompra completa de 7000 millones de dólares con caja propia, en lugar de capital fresco de un nuevo inversor, y la compañía declinó hacer comentarios cuando se le preguntó por la operación.

Una ruptura con el propio manual de OpenAI

OpenAI ya había dado liquidez a sus empleados antes, y ninguna de las dos rondas anteriores se parecía a esta. Una oferta de 2023 respaldada por inversores externos, entre ellos Thrive Capital y SoftBank Group, triplicó aproximadamente la valoración de OpenAI hasta los 86.000 millones de dólares. Una oferta posterior, hacia octubre de 2025, permitió a más de 600 empleados vender unos 6600 millones de dólares en acciones a una valoración de 500.000 millones, con cerca de 75 personas alcanzando el límite individual de venta, cercano a 30 millones de dólares; esa ronda también incorporó dinero externo.

Esta vez OpenAI optó por no añadir ni un solo nombre nuevo a su cap table. Se trata de un giro relevante para una empresa que presentó confidencialmente su solicitud de salida a bolsa ante la SEC estadounidense en junio de 2026: cuantos menos inversores tengan un derecho sobre la compañía al llegar a cotizar, menos intereses contrapuestos habrá que conciliar cuando entren en vigor las obligaciones de transparencia y gobierno corporativo propias de una cotizada.

Anthropic probó la jugada opuesta

El rival más cercano de OpenAI optó por otra vía para el mismo problema. Anthropic lanzó su propia oferta en abril de 2026, con el objetivo de captar entre 5000 y 6000 millones de dólares en acciones de empleados a una valoración de 350.000 millones, con el capital de la compra aportado por inversores externos y no por la propia empresa. Anthropic también ha presentado de forma confidencial su solicitud de salida a bolsa en 2026.

La oferta de Anthropic se quedó por debajo de su objetivo. Suficientes empleados prefirieron conservar sus acciones en lugar de venderlas, apostando a que una salida a bolsa acabaría pagando más de lo que valía una valoración de 350.000 millones en abril. Entre las dos empresas, los empleados han vendido ya bastante más de 10.000 millones de dólares en acciones previas a una posible salida a bolsa en cuestión de meses, una de las mayores olas de riqueza privada de la historia del sector tecnológico, alcanzada por caminos de financiación opuestos.

Qué significa para las empresas europeas que dependen de OpenAI

Para una empresa europea que ejecuta cargas de trabajo en producción sobre la API o el nivel Enterprise de OpenAI, una cap table más limpia antes de una salida a bolsa es una señal de estabilidad real, aunque modesta. Menos inversores nuevos significa menos voces nuevas con derecho a opinar sobre estrategia, precios o puestos en el consejo justo cuando la compañía se adapta a las obligaciones de información propias de una cotizada, el periodo en el que más suelen aflorar los conflictos de gobierno corporativo en empresas recién salidas a bolsa.

Frente a eso hay un segundo dato, menos cómodo, de la misma cobertura informativa: a principios de este año, el Wall Street Journal informó de que OpenAI no había alcanzado sus propios objetivos financieros internos, y Sam Altman reconoció públicamente que los últimos doce meses quedaron por debajo de las expectativas de la propia compañía. Una empresa que acaba de admitir que no cumplió sus cifras, y que después decide gastar 7000 millones de dólares de caja propia en recompras internas en lugar de captar capital fresco, es un dato que conviene sopesar junto a la señal de estabilidad, no un motivo de alarma, sino una razón para leer con atención el futuro folleto del IPO y cualquier condición de renovación contractual.

Qué vigilar antes de que OpenAI cotice

Tres cosas dirán más a los compradores europeos que esta oferta por sí sola: si OpenAI realmente presenta en público y fija el precio de una salida a bolsa antes de que termine 2026, según lo informado; si los empleados de Anthropic siguen conservando sus acciones en lugar de venderlas en cualquier oferta futura; y si otros laboratorios punteros que se preparan para cotizar, entre ellos xAI, siguen el enfoque autofinanciado de OpenAI o el respaldado por inversores de Anthropic.

Nada de esto cambia lo que los modelos de OpenAI son capaces de hacer hoy. Cambia cómo debería leer a la empresa detrás de ellos un equipo financiero o de compras: una que, por ahora, opta por dejar fuera a nuevos inversores justo cuando se prepara para rendir cuentas ante accionistas públicos, una postura que conviene recordar la próxima vez que llegue el momento de renovar un contrato empresarial plurianual.