Qué compró realmente el BERD

El 27 de julio, el brazo de capital riesgo del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo lideró una serie B de 20,1 millones de euros en una aseguradora de automóvil de Budapest que hace tres años todavía no existía. La valoración asociada al cheque fue de 1.400 millones de euros, unos 1.600 millones de dólares, lo que convierte a Ominimo en la primera compañía fundada por serbios en alcanzar el estatus de unicornio. Dusan Komar, Dennis Weinbender y Laslo Horvath la pusieron en marcha en 2024. Vende un único producto, seguro de automóvil, en cuatro países, y es rentable en Hungría desde su lanzamiento.

Por qué importa: el crecimiento no está en discusión. La prima bruta emitida anualizada pasó de 26,3 millones de euros en 2024 a 157,8 millones en 2025 y hoy ronda los 307 millones. El BERD señala que Ominimo llegó a una valoración de mil millones más rápido que cualquier compañía que haya respaldado antes, una lista que incluye a PandaDoc, DocPlanner y PicsArt. Lo que merece una segunda mirada no es si la empresa crece. Es de qué son múltiplo esos 1.400 millones.

La póliza se emite sobre papel ajeno

Ominimo es un agente general de suscripción, lo que en el mercado se conoce como managing general agent. Fija el precio del riesgo, vende la póliza, es dueña de la relación con el cliente y tramita el siniestro. Lo que no hace es asumir el riesgo. El seguro descansa en balances de terceros: Signal Iduna en Hungría, y DA Direkt, del grupo Zurich, en Polonia, los Países Bajos y Suecia. Es una estructura legítima y extendida, y explica por qué una compañía de dos años puede llegar a emitir 307 millones de euros de prima. Las exigencias de capital que Solvencia II impone a una aseguradora no recaen sobre un agente.

La consecuencia: esos 307 millones son una cartera de prima que Ominimo administra, no ingresos que contabiliza. Su beneficio es la comisión sobre esa cartera, pagada por portadores del riesgo que pueden reajustar su apetito suscriptor, renegociar condiciones o no renovar el acuerdo. Una valoración de 1.400 millones de euros contra 307 millones de prima bruta emitida equivale a unas cuatro veces y media una magnitud que, contablemente, pertenece a otro.

Uno coma cuatro por ciento es un precio, no una ampliación

Haga la división. Veinte coma uno millones contra 1.400 millones dan en torno al 1,4 por ciento de la compañía. Un negocio rentable que no quema caja no necesitaba 20 millones de euros para seguir operando, y la propia empresa lo dice: el capital es para la siguiente fase de crecimiento y no para el día a día. Lo que de verdad aporta una ronda tan pequeña con una valoración tan alta es una referencia. Fija un número defendible sobre el capital, establecido por un banco de desarrollo y no por un fondo de crecimiento con el reloj de salida en marcha.

Lea el destino de los fondos. Encabeza la lista obtener una licencia aseguradora propia. Todo lo demás, Bélgica y Rumanía este verano, después España, Italia, Francia y un lanzamiento en Estados Unidos en 2027, se apoya en ese permiso. España aparece en esa lista, de modo que el supervisor que tendría enfrente aquí sería la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones. Una licencia convierte a Ominimo de compañía que alquila capacidad de suscripción en compañía que la sostiene, y ese es otro negocio, con otras reglas de capital y otra razón para valer 1.400 millones.

Zurich se sienta a los dos lados de la mesa

Zurich es socio distribuidor de Ominimo, portador del riesgo mediante DA Direkt en tres de sus cuatro mercados activos y accionista minoritario desde la serie A. Esa acumulación conviene nombrarla con claridad, porque el plan de licencia solo la resuelve en una dirección. Si Ominimo llega a ser aseguradora por derecho propio, empezará a competir por la misma prima de automóvil que el balance que hoy hace posible su negocio, mientras ese mismo grupo mantiene acciones en el aspirante.

Ahora bien: esto no es un escándalo, y nada en el anuncio sugiere incomodidad por ninguna de las dos partes. Las aseguradoras establecidas toman participaciones en las agencias que distribuyen para ellas de forma habitual, precisamente para conservar una opción sobre el desenlace. El punto para el lector es más estrecho que la cuestión de gobernanza. Cuando una contraparte es a la vez proveedor, canal y accionista, el valor de su empresa queda enredado en una relación que usted no controla del todo, y la ronda que más alto le valora es el momento en que ese enredo pasa más fácilmente desapercibido.

La pregunta que debe hacer a sus propias cifras

Muy pocos lectores dirigen una aseguradora de automóvil. Muchísimos dirigen algo que se apoya en un permiso concedido por otra compañía: una ficha en un marketplace, una licencia de banking as a service, los raíles de pago de una entidad, un mercado en la nube, una tienda de aplicaciones. El patrón es idéntico. El ingreso obtenido mediante el acuerdo es real y contable. El valor de empresa levantado sobre él es condicional, y esa condicionalidad no figura en ninguna de las métricas que se presentan habitualmente a un inversor.

En resumen: separe ambas líneas en su propio reporting antes de que lo haga otro por usted. Anote qué proporción del volumen bruto circula bajo un permiso que no posee, nombre a la contraparte que podría retirarlo y calcule cuánto vale el negocio al día siguiente de que lo haga. Los fundadores de Ominimo han hecho evidentemente esa cuenta, y por eso lo primero que compran con dinero del BERD es una licencia y no crecimiento.