Lo que Apple presentó el lunes

Apple demandó a OpenAI, a su responsable de hardware Tang Yew Tan y al antiguo ingeniero Chang Liu el 10 de julio ante el Tribunal de Distrito de Estados Unidos para el Distrito Norte de California. El 3 de agosto volvió al mismo tribunal con dos escritos que cambian el ritmo del caso. El primero pide una medida cautelar que prohíba a los antiguos empleados y a OpenAI acceder, adquirir, usar o divulgar lo que Apple considera información confidencial y secretos empresariales. El segundo pide una práctica acelerada de la prueba.

El segundo escrito es el más concreto. Apple quiere documentos sobre el presunto acceso de los demandados a información protegida, y quiere declaraciones: de Liu y Tan, del empleado de OpenAI Yu-Ting Peng, de un cuarto empleado de OpenAI que también trabajó en Apple y no aparece identificado en la información publicada, y de representantes de OpenAI y de io Products, la rama de hardware que figura como codemandada.

Ninguno de los dos escritos reclama dinero. Apple pide control sobre lo que los demandados pueden hacer a continuación y respuestas bajo juramento en un calendario comprimido.

El remedio va contra personas, no contra productos

La cobertura de un pleito por secretos empresariales suele fijarse en la cifra final de daños. Esa cifra, si llega, está a años de distancia y casi siempre acaba en acuerdo. La medida cautelar es la parte que opera ahora, y opera sobre individuos: diría a dos ingenieros identificados a qué no pueden acceder ni qué no pueden usar mientras trabajan en otro sitio.

El estándar es más bajo de lo que parece desde fuera. Apple no tiene que probar que hubo apropiación. Tiene que convencer a un juez de que es probable que gane y de que afronta un daño que el dinero no repara. Las hojas de ruta de hardware son el ejemplo clásico de daño que un tribunal acepta como irreparable, porque una decisión de diseño copiada ya no se puede descopiar.

Esa secuencia es la razón para seguir este caso como empleador y no como espectador. Lo que limita a una empresa no es la sentencia. Es una orden dictada meses después de iniciado el proceso, sobre un expediente incompleto, que estrecha aquello en lo que puede trabajar una incorporación veterana.

OpenAI respondió tanto al procedimiento como a los hechos

OpenAI publicó su respuesta el 4 de agosto con el título Apple is getting this wrong. Afirma que la solicitud de medida cautelar se apoya en información falsa y es innecesaria, porque la compañía ni tiene ni quiere los secretos empresariales de Apple, y que ha ofrecido trabajar directamente con Apple.

Dos de sus réplicas se refieren a cómo se gestionó la disputa y no a qué se llevó nadie. OpenAI dice que los abogados externos de Apple enviaron su aviso a la persona equivocada tras confundir dos apellidos parecidos, y que lo corrigieron solo cuando OpenAI señaló el error. Añade que Apple ha reconocido ya que una conversación que describió con su asesor jurídico principal nunca se produjo. Junto a ello publicó mensajes en los que antiguos compañeros de Apple pedían a Chang Liu, cuyo último día en Apple fue el 22 de enero, ayuda para localizar archivos destinados a su propio trabajo en Apple.

Nada de esto resuelve si hubo salida de secretos. Sí muestra lo que una parte contraria puede hacer con el registro de cómo una empresa se dirigió a ella antes de demandar, lo que aconseja canalizar ese paso por la asesoría jurídica y no por un equipo de producto.

Antes de que empiece su próxima incorporación veterana

La exposición es simétrica y nada exótica. La empresa que pierde a un ingeniero veterano y la que lo gana acaban explicando bajo juramento a qué se accedió en las últimas semanas y qué se dijo en las entrevistas. En Europa la misma cuestión probatoria llega con otra forma procesal: la Directiva europea de secretos comerciales, traspuesta en España por la Ley 1/2019 de Secretos Empresariales, otorga a los tribunales nacionales medidas cautelares que funcionan de modo muy parecido a la orden que Apple pide aquí.

El trabajo es documental y sale barato hacerlo por adelantado. Revoque los accesos el último día trabajado y no en la última nómina. Conserve los registros de descarga. Ponga por escrito, antes de la fecha de incorporación, la lista de asuntos en los que la nueva persona no trabajará, y hágala firmar. Si tras el cambio llega una petición de ayuda de sus antiguos compañeros, como ocurrió aquí, guárdela.