El acto que todos leyeron como un indulto
El 14 de julio la Comisión Europea adoptó un acto delegado y en un día la cobertura se había fijado en una sola palabra: exención. Los relojes inteligentes, las pulseras de actividad y las gafas conectadas, se dijo, ya no tendrían que llevar una batería que el cliente pueda cambiar. Los diseños sellados estaban a salvo.
No es lo que hace el acto. La obligación no ha desaparecido. Ha cambiado de manos, y esas manos nuevas las acaba pagando el propietario.
Lo que dice de verdad el artículo 11
El artículo 11 del Reglamento (UE) 2023/1542 se aplica desde el 18 de febrero de 2027. Exige que la batería portátil incorporada a un producto pueda extraerse y sustituirse fácilmente por el usuario final en cualquier momento de la vida del producto, con herramientas de venta al público y sin equipos propios del fabricante ni especializados.
El reglamento ya contenía excepciones muy limitadas antes de este mes. Los aparatos diseñados para entornos húmedos y determinados productos sanitarios cubiertos por los Reglamentos (UE) 2017/745 y 2017/746 van por otra vía: la batería sigue teniendo que salir, pero quien la saca es un profesional independiente.
Seis categorías, un deber que cambia de manos
El acto del 14 de julio suma seis categorías a esa segunda vía. Son los dispositivos wearables, que para la Comisión abarcan relojes inteligentes, pulseras de actividad, gafas conectadas y cualquier cosa integrada en la ropa; determinados productos sanitarios; los juguetes electrónicos; los termómetros portátiles; los dispositivos telemáticos montados en techo; y los equipos sujetos a las normas de atmósferas explosivas.
Ninguna sale del reglamento. Quien venda en la UE debe seguir haciendo que la batería se pueda extraer y sustituir con herramientas de venta al público. Lo que cambia es quién está facultado para hacerlo, y un profesional independiente no es el usuario final ni, automáticamente, el servicio técnico del propio fabricante.
Todavía no es derecho aplicable
Un acto delegado no está terminado cuando lo adopta la Comisión. Este se remitió al Parlamento Europeo y al Consejo para su control y entra en vigor 20 días después de su publicación en el Diario Oficial solo si ninguno de los dos se opone. Right to Repair Europe ya ha dejado constancia de sus alegaciones sobre las excepciones del artículo 11.
Nuestra lectura, que no aparece en ninguna fuente: las decisiones de compra que se están tomando este mes se apoyan en un instrumento al que todavía cabe oponerse. La fecha que sí está fijada desde 2023, y que este mes no ha movido nada, es el 18 de febrero de 2027.
Qué poner en el próximo contrato
Si gestiona una flota de cualquier cosa de esa lista, y muchas empresas españolas lo hacen sin llamarlo flota, la vía de cumplimiento a partir de febrero de 2027 pasa por un canal de reparación profesional. Wearables de personal de campo, telemática montada en el techo de las furgonetas, terminales homologados para atmósferas explosivas en la industria química, termómetros clínicos: en todos depende de que alguien pueda abrir la carcasa.
Tres líneas en el próximo contrato lo resuelven. Nombre el canal profesional independiente. Fije el precio por unidad de la sustitución de la batería. Fije el plazo de respuesta. Un proveedor que no sepa responder le está cotizando un dispositivo con un coste de posventa que nadie ha cifrado.
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