Un hito de ingresos que en realidad es una cuestión de licencia

Quien dirige finanzas y aprueba un programa de tarjetas corporativas compara casi siempre tablas de precios. Devoluciones de intercambio, márgenes de cambio de divisa, integración con la contabilidad, con qué rapidez se emite una tarjeta para una nueva incorporación. Lo que casi nunca aparece en esa comparación es la forma jurídica de la empresa que custodia el dinero, y esta semana da un motivo para añadir la línea. El 29 de julio Pliant afirmó haber superado los 100 millones de dólares de ingreso recurrente anual. La cifra es de la propia empresa y no está auditada, así que léala como una declaración y no como una cuenta presentada; los datos que la rodean sí son concretos: más de 300 empleados, ocho oficinas, tarjetas emitidas en más de 13 divisas para más de 32 países y más de 5.000 empresas clientes junto a 35 socios en Europa y Estados Unidos. El consejero delegado, Malte Rau, lo presentó como un cambio en la forma en que las empresas conciben los pagos comerciales, no como un logro de facturación.

Pliant nació en Berlín en 2020 y vende tarjetas comerciales por dos vías: directamente a empresas de viajes, comercio electrónico, seguros y gestión de flotas, y como producto de marca blanca que bancos, fintechs y plataformas de software ofrecen con su propio nombre. Desde 2023 mantiene una licencia de entidad de dinero electrónico y la condición de miembro principal de Visa. Conviene detenerse en esa licencia.

Una entidad de dinero electrónico está autorizada a emitir dinero electrónico y a ejecutar pagos. No está autorizada a captar depósitos ni a prestar contra ellos, que es la actividad que define a un banco. La consecuencia práctica no es que la construcción sea más débil, sino que se rige por otro cuerpo de normas con otras garantías, y la diferencia cae justo sobre el saldo que su empresa deja en la plataforma entre la carga y la liquidación.

Qué hace la salvaguarda de fondos y qué deja fuera

Según el marco europeo del dinero electrónico, los fondos recibidos a cambio de dinero electrónico no son depósitos de forma expresa, y la Autoridad Bancaria Europea ha confirmado que quedan fuera de los sistemas de garantía de depósitos. En su lugar aparece la salvaguarda de fondos, recogida en el artículo 7 de la Directiva de dinero electrónico, que deja a la entidad tres caminos para proteger el dinero del cliente: mantenerlo en una cuenta separada en una entidad de crédito, aislada de los acreedores propios; invertirlo en activos líquidos seguros y de bajo riesgo, como deuda pública o fondos del mercado monetario; o cubrirlo con una póliza de seguro o garantía equivalente por el importe íntegro.

Puestos uno junto al otro, los dos regímenes describen un canje claro y no alarmante. Un sistema de garantía de depósitos paga hasta 100.000 euros por depositante y banco, con rapidez y con el Estado detrás, y se detiene en seco en ese techo; en España lo gestiona el Fondo de Garantía de Depósitos. La salvaguarda cubre el saldo entero sin tope, lo que es sensiblemente mejor para una empresa con 400.000 euros de circulante en una cuenta de pagos, y lo hace sin respaldo estatal, lo que es sensiblemente peor si la propia protección falla. Ninguna de las dos cosas es un escándalo. El problema es que casi todas las políticas de tesorería se escribieron para el primer régimen y no describen el segundo en ninguna parte, de modo que nadie en la casa ha decidido nunca cuál quería.

La pata americana funciona con el permiso de otro

La misma elección estructural se repite en Estados Unidos, y allí con más filo. Pliant no entró en el mercado americano con licencia propia. El 14 de julio anunció una alianza con Coastal Financial Corporation, el grupo bancario de Everett, en el estado de Washington, cotizado en el Nasdaq como CCB, que actúa como su banco patrocinador a través de su división de banca como servicio. El acuerdo sostiene estructuras de emisión mediante agente y es lo que hace legal el programa americano.

Para un cliente esa dependencia tiene una forma poco habitual. Su proveedor de tarjetas es un proveedor al que puede cambiar, con preaviso y un proyecto de migración. El banco patrocinador que está debajo, no: en él reside el permiso con el que opera el programa, usted no lo eligió, no tiene contrato con él y, si esa relación cambiara, el programa habría que rehacerlo por contrato y no simplemente conmutarlo. Es la misma lección que llegó con las regiones de nube y con los procesadores de pago, en un punto donde la mayoría de las empresas aún no ha mirado. Coastal publica sus resultados del segundo trimestre el 30 de julio, y eso es lo más cerca que un cliente externo llega de la contraparte que hay detrás de la tarjeta que lleva encima.

Tres preguntas y el sitio donde deben constar las respuestas

Nada de esto es un argumento contra usar un emisor que no sea banco. El caso de negocio es real y las cifras de Pliant dicen que el mercado coincide: emitir en más de 32 países y más de 13 divisas es genuinamente difícil de igualar para un solo banco nacional, y que una empresa berlinesa alcance este tamaño en seis años se explica porque los establecidos tardaron en construirlo. El argumento es solo que la estructura debería ser una decisión documentada y no un detalle que se descubre durante un incidente.

Deje escritas, pues, tres respuestas este trimestre. Qué entidad jurídica guarda nuestro saldo y en qué país está autorizada. Qué método de salvaguarda del artículo 7 emplea, separación, activos seguros o seguro, y si puede nombrar a la entidad de crédito o a la aseguradora. Y qué banco respalda el programa de tarjetas en cada mercado donde emitimos. Cualquier proveedor que merezca la pena responde a las tres en un párrafo, y el que no pueda le ha dicho algo más útil de lo que habría sido la respuesta.

Fije después un umbral. Decida el saldo máximo que la empresa acepta mantener en una plataforma de pagos en un momento dado, barra lo que exceda y convierta esa cifra en parte de la misma política que ya regula los límites por contraparte bancaria. Así una exposición sin examinar pasa a ser una exposición gestionada, que es todo el trabajo.